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A veces el talento está en la sangre y un claro ejemplo de esto son Morena y Marcia Galán, dos jóvenes hermanas argentinas que se destacan en el mundo del arte internacional. Por un lado, Morena fue portada de gran cantidad de titulares este año por convertirse en la primera cantante de lírica hispana en llegar a formar parte del Metropolitan Opera de Nueva York; mientras que Marcia cobró notoriedad por sus diseños vanguardistas, tanto en carteras como en prendas que se hicieron virales en redes sociales.

En una charla distendida con LA NACION, las talentosas hermanas revelaron que, si bien desde muy chicas ambas fueron estimuladas a realizar distintas actividades artísticas, ninguna de las dos nunca se imaginó que podrían llegar a triunfar a gran escala en los Estados Unidos.

“Nuestros papás trabajan en el rubro de las ciencias, nada que ver con lo que hacemos nosotras, pero tienen mentes muy creativas. Desde que éramos chiquitas siempre nos incentivaban a hacer diferentes actividades, probar cosas nuevas y las dos siempre estuvimos involucradas en muchas cosas relacionadas con las artes. Morena empezó con el canto desde muy chica y yo dibujaba”, explicó Marcia Galán en diálogo con LA NACION.

Tras toda una vida en Argentina, la idea de mudarse al extranjero era un reto sumamente difícil para ambas por el peso que significaba el desarraigo. “Me vine a Nueva York a los 18 años. Terminé la secundaria y vine acá sin familia, sin nada, a empezar esta nueva vida, esta nueva carrera. Y a los dos años de que me mudé para acá, se mudó Marcia, justo en medio de la pandemia del coronavirus”, recordó Morena Galán, sobre el apoyo en el que se convirtieron la una a la otra en la imponente ciudad que las vio construirse como artistas de renombre.

—¿Cuándo empezaste a cantar?

Morena: Estuve en el Teatro Colón desde los 9 hasta los 15. Después, a los 15 dejé el Colón y desde ahí a los 17 hice el Conservatorio Manuel de Falla, que me salté dos años con un examen. Al terminar la tecnicatura, me vine a Estados Unidos a hacer mi carrera de grado y un máster.

—¿Y pensaste alguna vez que llegarías a formar parte del Metropolitan Opera de Nueva York?

M: Mientras estudiaba, de a poco fui encargándome de estar en competencias, empezar a exponerme más al ámbito público, estar en cualquier concierto que pudiera. Y así iba expandiendo mi mundo musical y no quedándome solo con lo que pasaba en la universidad. Pero jamás imaginé que terminaría trabajando en el Metropolitan.

—¿Qué sentiste cuando te confirmaron que el puesto era tuyo?

M: Es impresionante el Metropolitan Opera y tener una posición de este calibre a una edad tan temprana. Me pongo a pensar muchas veces en el camino recorrido, que estoy desde los siete años cantando en el Colón, en el conservatorio, competencias, clases, conciertos, y, finalmente, ver que el fruto de eso es estar en uno los mejores lugares del mundo. Tengo la sensación de que estoy cumpliendo una parte de mi sueño y también siento un orgullo de representar a nuestro idioma y a toda la cultura latina.

Por su parte, su hermana Marcia, un año y medio menor, encontró casi como un juego su vocación, cuando descubrió una vieja máquina de coser olvidada en el fondo de un placard. “Desde chiquita me la pasaba dibujando, diseñando vestidos. Así que les dije a mis papás que quería ir a un curso de costura, pero como era menor no me dejaban ir sola. Entonces mi mamá me empezó a acompañar para que yo pudiera aprender a coser. Así que después cosía desde casa con la máquina familiar que es de mi abuela y aprendí muchas cosas por mi cuenta”, rememoró.

En plena pandemia, en busca de generar un negocio propio con su padre, decidió aprender a hacer carteras. Su abuelo paterno se había dedicado a la sastrería por muchos años y estos conocimientos les sirvieron a ambos para dar vida a sus primeros diseños.

—¿Cómo fue que ingresaste a una de las universidades más prestigiosas en diseño de los Estados Unidos?

Marcia: Hice un riguroso examen porque la universidad Parsons The New School for Design tiene una tasa de aceptación alrededor del 13% de la gente que aplica. Logré ingresar con una beca, empecé a estudiar y conseguí de a poco diferentes trabajos por mi cuenta, porque al igual que Morena, yo tampoco conocía a nadie y apenas tenía experiencia laboral.

Me especialicé en diseño de indumentaria porque me gusta mucho hacer cosas alocadas, siluetas extravagantes. Entre mis diseñadores favoritos están Alexander McQueen, Iris Van Herpen y Galeano. Me gusta mucho la gente que hace cosas fuera de lo estándar y lo que pensamos como “normal”.

—¿Dónde trabajás actualmente?

M: Estoy en una compañía de carteras que ya tiene 25 años en el mercado, tiene varias sucursales en Estados Unidos y es una empresa muy grande en cuanto a ventas. En el equipo de diseño somos dos personas y ahora nos estamos dedicando a la próxima temporada. Es muy emocionante el proceso de crear y ver después el resultado con una persona usando mis diseños en la calle. En simultáneo, también diseño ropa y estoy lanzando algunas colecciones a través de mis redes sociales.

- La película El diablo viste a la moda te permite ver un poco de lo que es el universo de la moda, pero ¿es tan competitivo como muestran?

M: La industria de la moda es competitiva al 100%. Si bien está mejorando en cuanto a nivel humano, es un ambiente difícil de atravesar. En la universidad, obviamente, ves que hay gente muy talentosa, pero los propios profesores a veces son los que incentivan esa competencia. Así que desde el principio se convierte en un lugar estresante y tenés que desarrollar la habilidad de poder escuchar lo que te dicen los demás, pero también de mantener tu propia voz.

Hay mucha gente que estudia moda, pero es muy difícil conseguir trabajos que sean reconocidos y que tengan más valor para lo que es la trayectoria de uno. La mayoría de las pasantías no son pagas al principio, entonces tenés que ganarte el derecho de piso e ir haciendo esas cosas con la expectativa de que pueda llegar a algo que vale la pena.

Morena Galán coincide en esta postura, pero en el mundo de la ópera. Si bien, para muchas personas su ingreso a los 24 años de edad al Metropolitan Opera de Nueva York fue visto como todo un logro, también reconoció que existieron ciertos recelos. “Algunas personas tenían un poco de reticencia cuando yo entré siendo tan joven. En parte porque el promedio de gente con la que trabajo va de los 40 a los 50 años y yo tengo 24″, argumentó.

—¿Existen muchas presiones en la ópera?

Morena: El canto es algo muy efímero. Y te podés preparar por meses, pero quizá tuviste un día en el que la voz no suena tan bien, exponés y te juzgan por algo que fue tal vez una audición de un minuto. Nadie sabe realmente todo lo que estaba pasando en tu día o si algo te pasó que no pudiste estar concentrado para llegar a la nota exacta. Entonces hay mucho de juzgar por un instante.

—¿Cómo aprendiste a sobrellevar esta presión?

M: La búsqueda de la perfección la sentís en cada cosa que haces. Porque esa perfección es la que luego te sirve para llegar a otro proyecto y que todo sea impoluto. Fue algo que durante muchos años cargué conmigo, de decir ‘tiene que ser perfecto’. Pero todo eso te empieza a pesar y te saca un poco del juego, donde todo empezó. Así que además de realizar la carrera de canto, quise estudiar composición.

En el último tiempo compuse algunas obras para orquestas y una de ellas fue seleccionada para la cumbre de los derechos de las mujeres en Naciones Unidas. Por eso siempre digo que me gusta sentir que exprimí realmente las oportunidades en diferentes ámbitos y no solo en ópera o clásico.

Si bien ambas hermanas parecen haber alcanzado los sueños de muchos soñadores, lo cierto es que aún tienen muchos proyectos en marcha que esperan poder alcanzar. “Me gustaría ser parte de una obra en Broadway y también sueño con poder volver a la Argentina y hacer un concierto en el Teatro Colón, porque siento que ahí fue donde empezó toda mi historia y sería de alguna manera cerrar el círculo”, reconoció Morena sobre lo que desea.

Por su parte, Marcia admitió que su máxima ambición es poder crear una marca propia: “Me gustaría poder tener un sello distintivo con mis prendas, que es un poco mi búsqueda a través de las publicaciones que comparto en redes. Poder tener tiendas que incluyan prendas de distintas tallas y con gustos para todos. Ojalá en un futuro también pueda llevar mis proyectos a Argentina”.