Los no elegidos: la perturbadora serie británica que llegó a Netflix y tiene 6 episodios
Los no elegidos (Unchosen, Reino Unido/2026). Creación: Julie Geary. Elenco: Molly Windsor, Asa Butterfield, Fra Fee, Aston McAuley, Christopher Eccleston, Siobhan Finneran, Alexa Davies, Olivia P...
Los no elegidos (Unchosen, Reino Unido/2026). Creación: Julie Geary. Elenco: Molly Windsor, Asa Butterfield, Fra Fee, Aston McAuley, Christopher Eccleston, Siobhan Finneran, Alexa Davies, Olivia Pickering. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: regular.
Una placa nos advierte sobre la proliferación de sectas en el Reino Unido. Sobre todo, su capacidad de funcionar fuera del ojo público, camuflada en una ruralidad casi bucólica. La advertencia no es en vano, intenta anclar el relato en una especie de realismo documental que la serie abandona de entrada con las ideas de su puesta en escena. Es decir, la consagración de un efectismo insistente desde el uso de la música y el planteamiento argumental, acentuado en arquetipos evidentes y oposiciones maniqueas que evitan cualquier atención a la complejidad de esas comunidades y sus credos. Por ende, Los no elegidos debe pensarse más como un entretenimiento que como un intento de denuncia, más allá de sus pretensiones de seriedad. Y su confección es efectiva en ese sentido, sostenida mayormente por un elenco notable que incluye a Christopher Eccleston, Siobhan Finneran y uno de los jóvenes actores británicos de los últimos tiempos, Asa Butterfield.
El punto de vista del relato está en Rosie (Molly Windsor), una joven mujer de la “Comunidad de Dios”, a quien conocemos en una celebración campestre. Es una madre joven, casada con el buen alumno Adam (Asa Butterfield), obediente, pero con destellos de curiosidad. La comida al aire libre culmina repentinamente con el asomo de una tormenta, y Grace (Olivia Pickering), la hija de Rosie y Adam, intuye signos del fin de los tiempos y corre por el bosque a espaldas de los adultos. Cuando la retirada de la intemperie parece satisfactoria, Rosie descubre la ausencia de Grace —quien padece cierto grado de sordera y lleva un audífono— y sale en su búsqueda aún bajo advertencias de los líderes varones que se arrogan toda tarea heroica. En el lago, un misterioso hombre con aspecto crístico parece ser el salvador de Grace y la perdición de Rosie, sembrando una de las muchas paradojas que intentará recoger la serie.
Creada por Julie Geary (Prisoners’ Wives, Intergalactic), Los no elegidos dibuja el universo de la “Comunidad de Dios” desde los lugares más comunes: vestimenta monacal, residencia rural, liderazgo patriarcal, disciplina opresiva. Las primeras escenas acentúan esa conciencia de “ser elegido” a la espera de un evento celestial que promete la salvación eterna. Rosie no es la única voz cuestionadora, también Isaac —hermano de Adam— comete una trasgresión al portar un teléfono móvil que utiliza para llamar a una ambulancia y atender a Grace. Su buena acción termina siendo su tránsito al calvario: el encierro, el cónclave de líderes para decidir su castigo, las sanciones por “romper las reglas”. Ese punto es el más interesante, y Aston McAuley brinda a su Isaac matices de duda y ambigua conciencia sobre lo que puede representar ser el “no elegido”.
Sam (Fra Fee), el misterioso salvador del lago, es quien pone en jaque la pertenencia de Rosie a esa comunidad cerrada a través de un deseo creciente. La serie elige diseñar ese vínculo de la manera más grosera posible, con imágenes que oscilan entre la pereza y la vulgaridad. A la hora de poner en relación esos dos universos -el de Sam, relacionado con un pasado turbulento- y el de Rosie -atada a la comunidad por sus deberes y su hija-, la historia se decanta en diálogos pueriles, escenas que deslizan un deseo contenido digno de un exploit erótico antes que un verdadero conflicto espiritual, y la estructura narrativa no deja lugar común por abordar: escondrijos en el gallinero, medallitas dejadas en el bosque, potenciales fugas resueltas en el último minuto. No solo no intenta profundizar en el drama de Rosie entre sus deseos y sus deberes, sino que escenifica esos conflictos de la manera más pedestre posible.
Pese a esas evidentes limitaciones, si la serie se sostiene es gracias a las actuaciones. Christopher Eccleston da vida al líder Phillips, un hombre poderoso y despótico, capaz de disputar silenciosamente el poder del ascendente Adam con el puño de su experiencia. Además, su avance sobre Rosie en el plano sexual —que resulta una obviedad de guion en su planteamiento— obtiene en la mirada de Eccleston las contradicciones silenciosas de esa dominación. Lo mismo ocurre con Siobhan Finneran, esposa de Philips y mujer portadora de la sanción disciplinaria, quien comienza como una villana, pero despliega un creciente tormento interior por la renuncia a su hijo, nutrido de las mismas razones que defiende y propaga. Y, por último, Asa Butterfield, a quien conocimos como ese niño de ojos grandes en La invención de Hugo de Martin Scorsese, aquí ofrece una adultez ominosa, sostenida en la necesidad de pertenecer y ser validado, que se convierte en la herramienta más eficaz y cruel para el ejercicio de un poder despótico. Son esas figuras de virtuosa fortaleza las que elevan un guion menor a una historia digna de ver.
2 stars
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