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A 20 días de que el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) confirmara el primer caso de scrapie clásico en la Argentina, la preocupación en la cadena productiva no deja de crecer. Lo que comenzó como una alerta sanitaria por la detección de la enfermedad en tres ejemplares ovinos de establecimientos de Santa Fe y Entre Ríos se transformó en un problema que ya golpea de lleno a productores, asociaciones y exportadores, mientras persiste la incertidumbre sobre la estrategia oficial para contener el impacto sanitario y comercial. Hay preocupación por las restricciones en mercados importantes.

El scrapie clásico es una enfermedad neurodegenerativa, mortal para ovinos y caprinos, que hasta ahora nunca había sido detectada en el país. Aunque no representa riesgos para la salud humana, la aparición del foco encendió alarmas por sus consecuencias sobre el estatus sanitario argentino y las condiciones de acceso a los mercados internacionales.

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En estas casi tres semanas, el sector mantuvo reuniones contrarreloj con funcionarios y técnicos, buscando respuestas sobre cómo enfrentar la nueva situación. Pero lejos de despejar dudas, la demora en la definición de un plan concreto profundizó la inquietud, especialmente entre quienes ya tienen operaciones comerciales afectadas.

Hoy, varios mercados mantienen restricciones parciales o totales para el ingreso de productos argentinos de origen animal. Entre los productos alcanzados figuran animales vivos ovinos y caprinos, semen y embriones, carne, menudencias, harinas de carne y hueso, grasas, subproductos proteicos, alimentos balanceados y también ciertos productos lácteos.

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A esto se suman restricciones sobre cueros, lanas sin tratamiento y productos farmacéuticos o veterinarios elaborados a partir de materias primas animales, según los requisitos sanitarios que aplica cada país frente al nuevo escenario sanitario.

Según pudo saber LA NACION, mercados como Chile, Perú, China, México, Marruecos, Sudáfrica y Vietnam todavía no rehabilitaron plenamente el ingreso de estos productos desde la Argentina. En algunos casos, las restricciones alcanzan solo a animales vivos y material reproductivo. En otros, abarcan también productos industrializados, harinas proteicas y preparados alimenticios, lo que amplía el impacto económico sobre distintos eslabones del sector agroindustrial.

La situación obliga al Senasa a avanzar en negociaciones sanitarias bilaterales para recuperar las habilitaciones, aportando garantías técnicas sobre la contención del foco, la trazabilidad y la regionalización sanitaria. Mientras tanto, los exportadores siguen sin certezas.

La preocupación fue eje central de una reunión realizada ayer en la Sociedad Rural Argentina (SRA), donde participaron dirigentes de la mayoría de las asociaciones ovinas, técnicos y el presidente de la entidad, Nicolás Pino.

Allí se analizaron los alcances de la enfermedad y se avanzó en la idea de conformar una mesa de trabajo y convocar a la Secretaría de Agricultura y el Senasa, con el objetivo de impulsar un plan de contingencia basado en experiencias aplicadas en países como Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos.

“La realidad es que basándonos en esos modelos como los de Nueva Zelanda y Australia estamos totalmente lejos de llegar a esos resultados. Acá quieren clausurar los establecimientos que vayan reportando la enfermedad, por ende no vamos a tener denuncias”, advirtió una fuente del sector ovino. La misma fuente agregó: “No quieren resarcir a productores por las faenas ni ayudar con los análisis de ADN que demarcan resistencias. La verdad es que los costos deberían estar a cargo de algún fondo nacional para poder salir de este contexto complejo”.

En el sector temen que la estrategia sanitaria actual resulte contraproducente. “Si continuamos con el plan que tiene trazado el Senasa, consideramos que dentro de 10 años va a ser diez veces peor”, alertaron.

Otra fuente que participó de la reunión en la SRA fue aún más directa: “Le vamos a pedir al Senasa que salga con un plan para combatir la enfermedad; no es una solución salir con un rifle sanitario”.

Según explicó, el antecedente genera dudas incluso sobre el origen del brote. “Dicen que Paraguay es libre, pero estos animales vinieron de Paraguay. Entonces queremos un plan de contingencia y un plan de trabajo hacia adelante como hicieron en Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos”.

Pero si en los criadores domina la incertidumbre sanitaria, entre los exportadores prevalece la preocupación económica. Varias operaciones quedaron frenadas de manera abrupta y los costos logísticos comenzaron a acumularse.

“Exportamos harina de carne y huesos bovina a Vietnam y Perú. El 10 de abril un memo del Senasa nos llegó diciendo que el país ya no es libre de scrapie y la certificación para la puesta a bordo en buque tenía que ser antes de ese día”, relató un exportador afectado a LA NACION. La consecuencia fue inmediata. “Teníamos ingresados 12 contenedores en puerto. Pensamos que se iba a resolver rápido, pero fue peor. Tuvimos que cancelar la operación y eso generó una pérdida económica de unos US$45.000”, explicó.

La situación se repitió en otras empresas. “Hubo un exportador de lácteos que tuvo que sacar 20 contenedores del puerto. La terminal cobra, la marítima cobra y el Senasa cobra, y nadie se hizo cargo de los costos”, señaló la fuente.

Entre los productos todavía frenados figuran la harina de carne y hueso bovina, alimento para mascotas y algunos derivados industriales. “Perú está totalmente cerrado y Sudáfrica también. China liberó lácteos, pero no harina de carne y hueso bovina”, detalló.

El impacto no es menor. Entre abril de 2025 y marzo de 2026 la Argentina exportó 127.747 toneladas de harina de carne y hueso bovina por US$47,58 millones. El principal destino fue Vietnam, que concentró el 62,56% de las ventas externas, con compras por US$29,77 millones y casi 87.000 toneladas. Le siguió China, con US$15,4 millones y 34.396 toneladas. Más atrás quedaron Perú, Chile y Tailandia, que en conjunto representaron menos del 5% de las operaciones.

En detalle para esta fuente, un cierre prolongado de estos destinos podría impactar de lleno en una corriente comercial que venía creciendo con fuerza. Mientras tanto, la respuesta oficial todavía no llega al ritmo que reclama el sector, según dijeron. “Necesitamos una respuesta urgente, no podemos esperar tres meses”, resumió una fuente exportadora.

A 20 días del primer reporte de la enfermedad, scrapie ya dejó de ser solo un problema sanitario. Para productores y exportadores, el mayor temor ahora es que la demora oficial profundice un daño comercial que podría evitarse con una estrategia rápida, coordinada y previsible. LA NACION intentó tener una respuesta de funcionarios del Senasa, pero aún no obtuvo respuesta.