“Nos repetía que nos iba a volar la cabeza a todos”, dijo el dueño de la peluquería donde mataron a un estilista
El dueño de la peluquería donde en en marzo de 2024 fue asesinado el estilista Germán Medina brindó un dramático testimonio sobre la situación de extrema tensión que vivió junto con sus emp...
El dueño de la peluquería donde en en marzo de 2024 fue asesinado el estilista Germán Medina brindó un dramático testimonio sobre la situación de extrema tensión que vivió junto con sus empleados en el momento en que Luis Abel Guzmán, colorista que trabajaba en ese local situado en el barrio de Recoleta, amenazaba a todos con una pistola antes de realizar el disparo mortal. “Nos repetía que nos iba a volar la cabeza a todos”, dijo Facundo Verdini al declarar ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) porteño N°24, donde se lleva adelante el juicio por el homicidio.
“Nos encerró ahí porque nos quería matar a todos”, agregó el hombre que era jefe de la víctima y del tirador.
“El hombre recordó que llegó aquél día y que todo parecía normal, excepto que vio a Guzmán totalmente rapado. En la audiencia de la semana pasada, el encargado reveló que el imputado le había pedido ese corte de pelo. Ante las preguntas de la querella que lo representa como damnificado, el testigo sostuvo que solían quedarse después de hora con el grupo de trabajo a tomar algo. Esa noche, se repitió esa secuencia y marcó que fue Medina incluso el que fue a comprar unas cervezas para compartir mientras charlaban”, consignó el sitio web de noticias del Ministerio Público Fiscal.
El juicio comenzó el 15 de abril y en la primera audiencia el acusado confesó el crimen. “Me enojé, no controlé ni mi ansiedad ni mi bronca. Agarré el arma y disparé, no medí las consecuencias”, reconoció Guzmán frente al volumen de pruebas en su contra que acumula el caso, ya que no solo el dueño de la peluquería y sus compañeros fueron testigos directos del hecho, sino que a esos testimonios se suma la filmación del asesinato, con imágenes registradas por la cámara de seguridad del local.
Está previsto que la semana próxima se lleven adelante los alegatos de las partes.
El homicidio ocurrió el 20 de marzo de 2024 en la peluquería Verdini, situada en Beruti 3017. Esa noche, Guzmán le disparó a a Medina, de 33 años, mientras se encontraba en el local comercial con otros compañeros de trabajo luego de haber terminado la jornada laboral.
“En ese contexto, Guzmán extrajo un arma de fuego de la cintura, le quitó el seguro, apuntó directo a la cabeza de la víctima y le disparó, provocando su fallecimiento unos instantes después”, se explicó al requerirse la elevación a juicio de la investigación.
Según logró reconstruir en el expediente judicial, Guzmán tenía conflictos con sus compañeros, principalmente, por sus trabajos de alisado utilizando formol, sustancia prohibida por sus efectos tóxicos y que no dejó de utilizar pese a las advertencias de sus pares y de su jefe.
Sobre el día del homicidio, durante su indagatoria ante los jueces, Guzmán recordó que que iba a hablar con su jefe por el tema de la indemnización, pero que finalmente el dueño de la peluquería le comentó que lo hablarían con los abogados. Según relató, le escuchó decir a la víctima algo sobre él: lo iban a echar porque era “un empleado más”.
“Me enojé, no controlé ni mi ansiedad ni mi bronca. Agarré el arma y disparé, no medí las consecuencias”, afirmó Guzmán entre lágrimas en la primera audiencia del debate oral.
Dijo que tenía un trato cordial con Medina y que no había tenido inconvenientes. Y relató que después del crimen tiró el arma y el teléfono celular porque “había hecho algo muy malo” y porque estaba “desahuciado”.
“Me escapé porque tenía miedo de quedar preso, me angustié por lo que hice, me arruiné la vida y la de mi familia”, sostuvo y agregó: “Quedé desempleado, sin indemnización, sin futuro, no tengo palabras para transmitir la bronca”.
El casoEl día del homicidio, Guzmán llegó a las 10.15 a la peluquería donde trabajaba desde hacía más de ocho años. Atendió a dos clientas que ya lo estaban esperando. A las 13 tomó su mochila y se fue sin decir nada. Volvió una hora después.
Después de atender a su última clienta se fue a la cocina del local sin hablar con ninguno de sus compañeros, “con quienes tenía conflicto, principalmente, por sus trabajos de alisado con formol, sustancia prohibida por sus efectos tóxicos, que el nombrado no dejaba de utilizar pese a las advertencias de sus pares, ocasionando malestar en el ambiente laboral”, según quedó reflejado en la resolución judicial que fijó la prisión preventiva del acusado de homicidio agravado.
A la tarde, cerca de las 17, Guzmán invitó a tomar un café a Carlos Alberto Azorín, el encargado de la peluquería. Fueron a un local situado en Austria y Juncal. “Estoy cansado, necesito paz mental, ya me da todo lo mismo, necesito terminar el tema hoy, voy a hablar con el dueño”, le dijo el asesino.
Según los testimonios incorporados a la causa durante la instrucción del caso, Guzmán iba a ser despedido en forma inminente de la peluquería Verdini, “circunstancia conocida por el acusado, que quería resolver el ‘problema’ ese mismo día”.
El peluquero y el encargado del local regresaron a la peluquería a las 18. “Guzmán se sentó en una de las sillas que da a la calle y le pidió a Azorín que le cortara el cabello. Si bien inicialmente le cortó el pelo a los costados, el imputado le pidió que lo rapara; ‘así quedo más loquito’, dijo”, según la reconstrucción plasmada en el expediente judicial.
A las 20, Guzmán comenzó con su faena criminal. Fue hasta el exhibidor de productos ubicado en la parte delantera de la peluquería, tomó las llaves del local, bajó la persiana, cerró la puerta de ingreso y se guardó las llaves.
Tres de sus compañeros de trabajo y el dueño de la peluquería charlaban y tomaban cerveza. Guzmán se acercó a Verdini y le preguntó: “¿Vos tenés algo para decirme?”. El dueño del local respondió: “No, mañana vamos a hablar”. Fue en ese momento que el peluquero asesino sacó el arma que tenía oculta en la cintura, debajo de la ropa, y les espetó: “Quédense quietos porque les vuelo la cabeza a los cuatro”.
Luego visualizó a Medina, que estaba quieto, sentado en un sillón, le apuntó directo a la cabeza y le disparó. Esa secuencia quedó grabada por una cámara de seguridad instalada en el local comercial, cuyas impactantes imágenes no solo representan una prueba contra el tirador, sino que también generaron un fuerte impacto social al viralizarse en medios y redes sociales.
Comentarios
Deja tu comentario