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El feriado del 1 de mayo suele ser uno de los días más convocantes de la Feria del Libro de Buenos Aires. Hoy se repitió el ritual de porteños y de visitantes de las provincias, gracias al fin de semana largo. Desde temprano, los jóvenes marcaron tendencia en los pasillos de la Rural: hicieron filas para ingresar a las charlas, para averiguar precios (y, algunos, comprar libros) y para conseguir la firma de su autor favorito. También las familias con niños llenaron los stands de los sellos de literatura infantil como Editorial Común, Catapulta y Lecturita, reciente ganador del premio de la prestigiosa Feria del Libro de Bolonia a la mejor editorial especializada de la región.

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La presentación de Morir en la arena, la nueva novela del escritor cubano Leonardo Padura fue uno de los hits de la jornada. En diálogo con Patricia Kolesnicov, en tres salas del Pabellón Blanco unidas para ofrecer mayor capacidad, Padura convocó a 330 personas sentadas, varias de pie y otras que habían quedado afuera pero pudieron ingresar a medida que se desarrollaba la charla. En la primera fila, se ubicaron su esposa Lucía y el autor español Fernando Aramburu, además del editor de Tusquets Juan Cerezo.

Padura dedicó la presentación a la memoria de Beatriz de Moura, fundadora del sello que murió hace pocos días. Y agradeció la invitación del director de la Feria del Libro, Ezequiel Martínez, presente en la sala, en esta edición aniversario. “Vine por primera vez a la Feria en 1994 con un librito bajo el brazo”, contó.

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Padura definió su novela como “una crónica de su generación” dedicada a los que “se quedaron en Cuba”, como él, que se niega a dejar su país “a pesar de los pesares”. Luego explicó que la historia está basada en hechos reales, en un caso de parricidio que conoció de muy cerca pero al que se permitió “transformar” con los recursos de la ficción.

“Cuando empiezo una novela pienso en para qué la voy a escribir no en cómo la escribiré. La intención es el motor, es la brújula que me orienta en un mar de posibilidades -explicó sobre su método creativo-. Y en este libro quería hablar del destino final de una generación, que hoy tiene 70 y pico de años y está atravesando una vulnerabilidad muy fuerte: no le alcanza la jubilación para vivir dignamente”.

Sobre el parricidio “que tiene una enorme valor literario desde Edipo” dijo: “Cada generación tiene que matar a sus padres literarios. Pero yo nos los maté, apenas les provoqué unas heridas a mis padres literarios que fueron Vargas Llosa, García Márquez, Rulfo y Carpentier, entre otros”.

Padura no eludió el presente de Cuba, al que definió con la “imagen de un túnel”: “Se apagó la luz al final del túnel hace un tiempo y ahora estamos caminando a oscuras. Literalmente”, dijo en relación al “bloqueo” de Estados Unidos. Recordó que sus últimos seis libros no se publicaron en Cuba “por falta de papel y de voluntad”. Y que su literatura nunca fue “de propaganda”. “Se pueden decir muchas cosas desde una perspectiva social”, remató. Luego de la charla, el autor firmó libros en el stand de Planeta. Lo esperaron con paciecia cientos de lectores.

A la misma hora que hablaba Padura, en el mismo pabellón, pero en la sala Alfonsina Storni, Esther Cross, Betina González, Luciano Lamberti y Luis Sagasti, coordinados por Lala Toutonian, intercambiaban reflexiones alrededor del tema “Bestiarios argentinos: monstruos de ayer y de hoy”, en la segunda mesa del ciclo Diálogo de Escritoras y Escritores de la Argentina.

Y mientras afuera de la sala Tulio Halperín Donghi, del Pabellón Azul, la gente esperaba para ingresar a la presentación del libro Efecto Mariposa. ¿Hay un orden detrás del caos?, de Jorge Argüello, en el stand 1701 del Pabellón Amarillo, crecía la fila para pedir firma y dedicatoria de la bestseller juvenil Tiffany Caligaris, autora de novelas románticas y fantásticas publicadas por Planeta. La misma editorial organizó ayer el Romantic Day, dedicado al “Universo Mar Petryk” y a los libros de la joven autora que causan furor entre las lectoras.

Pero si hubo un autor que causó furor fue el historiador Felipe Pigna, que presentó su último libro 76 en la sala Hernández repleta, frente a mil personas.