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High School Musical (2006) marcó un antes y un después en la cultura pop global. El fenómeno fue tan masivo que su banda sonora se convirtió en el álbum más vendido del año en Estados Unidos, lo que demostró que la historia de Troy y Gabriella —interpretados por Zac Efron y Vanessa Hudgens— había calado hondo en una generación dispuesta a romper estereotipos. En medio de ese auge, El Trece estrenó en 2007 High School Musical: La Selección. El reality, conducido por Matías Martin, buscaba a la pareja protagónica para la versión local; sin embargo, lo que muchos no esperaban es que el programa también revelaría a la villana más querida de Argentina. De la mano de Delfina Peña, el país encontró a su propia Sharpay Evans, un personaje que hoy, años después, volvió a ser viral en redes sociales.

Casi dos décadas después de ponerse en la piel de la malvada del ciclo, Delfina volvió a estar en el centro de la escena por algo que nunca imaginó. Es que si bien dedica gran parte de su tiempo a subir contenido en las redes sociales, la presencia de su marido no solo revolucionó a los usuarios, sino que hasta generó un debate sobre la exigencia que muchas mujeres padecen sobre su estado físico, algo que ella transita con humor.

“Me tienen agotada en TikTok y ya que estoy, se los comparto. Me dicen que es mi hijo después del video de ayer. Cuanta maldad jajajaja embarazada y sin mis sesiones de terapia. Pendo de un hilo”, escribió en la descripción del video que compartió en su cuenta de Instagram en la que hizo alusión a un posteo donde la mayoría de sus seguidores decían que su marido parecía su hijo. En las imágenes, se la vio sentada junto a su pareja, a quien le hizo un pedido desopilante. “¿Te puedo pedir que envejezcas un poco más digno? No te puedo subir a redes, bol***”, lanzó ella entre risas mientras él bromeaba con irse a correr para mantenerse joven.

Con la honestidad que la caracteriza, Delfina aprovechó el momento para reflexionar sobre la presión estética y el uso de filtros. “Están acostumbrados al bótox y a los hialurónicos, déjenme tranquila. Por ahí sin frizz parezco más joven, ¿vos qué decís?”, le preguntó a su marido, quien le siguió el juego al responderle con un cómplice “La mensualidad me la dejaste en el cuarto”, con la intención de seguir el juego de quienes lo señalaban como su hijo.

Lo que se reprodujo cientos de miles de veces y dio como resultado una serie de entrevistas en distintos medios fue el resultado de una rutina que realiza religiosamente desde hace unos años y por recomendación de una amiga: subir diariamente tres videos a TikTok y uno a Instagram. “Me desperté a las 8:30 de la mañana, Tomás (su marido) salía a correr, lo filmo, yo con este mismo peinado espantoso, y aparte la cámara bien cerca, o sea, el video es terrible. Nosotros siempre hacemos esas jodas, tipo el chiste de déjame la mensualidad o lo que sea”, contó en diálogo con LA NACION mientras se reía.

El video por el que Delfina Peña volvió a estar en el centro de la escena

Luego de la publicación y, como suele hacer, Delfina dejó el teléfono para irse a la playa. Sin embargo, cuando volvió se encontró con la sorpresa: aquella secuencia no paraba de replicarse. “No sé qué fue lo que pegó. Si fue que hablé de la gente acostumbrada al colágeno, no sé. Vuelvo a la casa y me doy cuenta de que había explotado”, aseveró.

Su imagen no solo comenzó a replicarse en los grandes medios, sino también en el interior del país. “Estuve mucho tiempo en cámara jugando. Yo ya lo sé hacer. Entonces, me sentí como super cómoda, no es que me abataté y dije ‘oh, qué plomo la nota’”, comentó al verse nuevamente en el centro de la escena, pero esta vez desde otro lugar.

Si bien para algunos su rostro era nuevo, ella se reencontró con la exposición en un momento de sensibilidad absoluta. Mientras transitaba la recta final de su tercer embarazo —etapa que ella definió como una “tregua” frente a la crueldad de los haters—, Delfina reflexionaba sobre ese escudo protector que sentía antes de recibir a su bebé. “Llegó un momento en el que uno dice ‘basta’. A mí me daba pánico el momento de dejar de estar embarazada, porque sentía que los mensajes me protegían un montón. Hay una dosis de conciencia de la gente que dice: ‘Che, pará, está embarazada’. Sabía que en algún momento ese escudo iba a caer, pero en general me lo tomaba con humor”, explicó en aquel entonces.

Delfina Peña junto a Tomás, su marido

Sin embargo, más allá de los comentarios sobre su aspecto o su pareja, Delfina detectó que el verdadero “match” con su audiencia no estaba en la perfección, sino en el descargo. Así nació una faceta de observadora de lo cotidiano. “Tengo una sección en Instagram de cosas que nos molestan a todos. La señora que camina con el paraguas abajo del techo y te desparagua... son pavadas, pero te irritan. Empecé a empatizar desde ahí y la gente me escribe un montón”, detalló sobre este nuevo rol de vocera de lo que nadie dice.

Curiosamente, en ese mundo de interacciones, ella nota una diferencia marcada de género a la hora de recibir críticas. “Los varones que comentan son espectaculares porque son muy del chiste de pibe, tipo: ‘Eh, parece la tía’. Y me lo tomo así. Pero las mujeres son mucho más de señalar con el dedito”, analizó sin vueltas. Ante esa mirada ajena, su respuesta fue estratégica: usar el humor como bandera para hablar de la cotidianidad y de las cosas que, en definitiva, nos pasan a todos.

Pero, ¿cuál fue el motivo por el que dejó atrás los protagónicos para desembarcar en la vorágine de las redes? La respuesta está en un cambio de ciclo tras una vida dedicada a la formación de otros artistas. Y es que, para Delfina, la música y la enseñanza fueron siempre su territorio principal.

“Di clases desde antes de High School hasta después; fueron 19 años de clases de canto. Estuve coacheando gente para calle Corrientes, para un montón de cosas, y me encantaba”, relató sobre esa labor que fue su sostén y pasión durante casi dos décadas. Sin embargo, a pesar de su experiencia, el cuerpo empezó a pedir un respiro.

Delfina Peña en High School Musical, el desafío

“De golpe, el cuerpo me empezó a decir que no lo podía hacer más. Llegaba al estudio y me dolía la panza”, reveló sobre el momento en que la exigencia personal empezó a pesar más que el placer de enseñar. “Sentía que no estaba dando el 100% que a mí me gusta dar; soy re exigente conmigo y no le estaba dando al otro lo que quería. Después de dos años de masticar la decisión, dije: ‘Bueno, no doy más’”, se sinceró.

Pese al inmenso cariño por sus alumnos, Delfina eligió escucharse y cerrar esa etapa. Sin embargo, su salida de la docencia no fue un retiro, sino el salto hacia un nuevo desafío que aún espera poder concretar del todo: el mundo del streaming. Formó parte de un equipo sólido junto a Yeyo de Gregorio, Nani Senra y el Tano Di Gennaro, en un proyecto donde sus estudios de stand up le permitieron brillar desde un rol distinto. “Mi función era romper desde lo cómico; estuvo buenísimo, fue medio año re divertido”, recordó. Pero cuando todo parecía encaminado para un 2025 a puro aire, el proyecto se cayó tras las vacaciones, dejándola en una encrucijada: “Todo el año pasado fue: ‘¿qué hago?’”.

Fue en agosto, poco antes de saber que estaba embarazada, cuando decidió tomar las riendas de su propio destino digital. Con 11.000 seguidores como base, buscó el consejo de una amiga experta para entender los códigos del algoritmo. “Le pregunté: ‘¿Cómo es la fórmula para hacer TikTok e Instagram?’”, comentó sobre ese punto de partida. Aquella “fórmula” se convirtió en la llave para reencontrarse con su esencia. Aunque el sueño del streaming propio sigue latente, la viralidad actual es el motor de su “segundo tiempo”.