Los piratas somalíes vuelven a sembrar el terror en una de las áreas más transitadas del comercio mundial
Mal momento para ser capitán en Medio Oriente y alrededores, donde, si no te cae una bomba, te abordan el barco. El estrecho de Ormuz está clausurado a la navegación comercial bajo la amenaza de...
Mal momento para ser capitán en Medio Oriente y alrededores, donde, si no te cae una bomba, te abordan el barco. El estrecho de Ormuz está clausurado a la navegación comercial bajo la amenaza de los drones de Irán, que a su vez tiene sus puertos bloqueados y sus barcos en la mira de Estados Unidos. Los milicianos hutíes, aliados de Irán, lanzan ataques en el mar Rojo.
En esas aguas revueltas, en la costa de Somalia, volvieron los piratas. Y lo hicieron con todo. Si bien la actividad estaba otra vez en alza en este país africano, una sucesión de secuestros, al menos cuatro en diez días, confirmó su regreso tras haber salido del mar y de las noticias.
La semana pasada, después de una de las varias capturas, la Organización Británica de Comercio Marítimo subió el nivel de amenaza en la zona a “sustancial”, señalando que “personas no autorizadas” tomaron el barco y lo dirigieron a aguas territoriales somalíes.
“Todos los incidentes continúan”, advirtió por su parte el Centro de Seguridad Marítima del Océano Índico (MSCIO). “Se recomienda encarecidamente a los buques que operan en la zona que mantengan una mayor vigilancia, particularmente dentro de las 150 millas náuticas de la costa somalí entre Mogadishu y Hafun, cuando sea posible".
Con las alarmas activadas, se reanudó también la discusión sobre cómo contener el flagelo, que tiene un origen multicausal, mientras los asaltos son cada vez más osados y los actores más numerosos. Uno de los barcos secuestrados, el cementero Sward, fue tomado por un grupo en la localidad de Garacad, más al sur de los bastiones conocidos de los piratas, señal, según funcionarios somalíes y expertos en seguridad, del surgimiento de una nueva banda.
Los piratas somalíes parecían de salida luego de tener en vilo al comercio marítimo en los primeros años del siglo, con dramáticas persecuciones en lanchas a punta de fusil y millonarios pedidos de rescate a las compañías navieras por las tripulaciones extranjeras. No solo capturaron navíos, sino también la atención de Hollywood, que despachó las brillantes películas Capitán Phillips (2013) y Los piratas de Somalia (2017), donde retrataron el fenómeno con veracidad.
#Pirates Hijack the Honour 25 and its 17 Member Crew While Holding the 18,500 Barrels of Oil Hostage in #Xaafuun, #Somalia
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A bordo de lanchas rápidas, las bandas armadas con AK-47 y lanzacohetes portátiles se daban a la persecución de los barcos mercantes y se lanzaban al abordaje, como Sandokán o Jack Sparrow, aunque con menos simpatía y más violencia que los carismáticos personajes de ficción. Luego se pedía una cifra, se negociaba y a cobrar. Entre 2005 y 2012, las distintas bandas piratas cobraron entre 339 y 413 millones de dólares por el rescate de los marineros.
Los millones siguieron entrando a sus arcas hasta que debieron retirarse a cuarteles de invierno, obligados por las circunstancias, cuando la zona reforzó la seguridad con una coalición internacional que salió a custodiar los barcos y echó el negocio pirata a pique. Los barcos también contrataron guardias y tomaron medidas extra para no entregarse.
De nuevo en acciónOtro cambio de circunstancias los devolvió al agua desde 2023, con un inquietante accionar que se puso al rojo vivo en la actualidad. La estrategia pasa por tomar por asalto un barco de menor porte, quizás un velero tradicional o un pequeño pesquero, y salir tras los navíos mercantes que navegan por estas rutas donde circula del 10 al 20% del comercio marítimo mundial.
“Los piratas suelen emplear un modelo de buque nodriza y lanchas rápidas y apuntan a las tripulaciones para pedir rescates. La prevención a largo plazo requiere un refuerzo del control marítimo liderado por Somalia, cooperación regional e inversiones en medios de vida costeros y en la gestión pesquera sostenible”, indicó a LA NACION el Institute for Security Studies (ISS Africa).
El desvío de recursos armados hacia el mar Rojo para combatir los ataques de los hutíes ha sido una de las causas principales de la renovada audacia de los piratas, que ven el camino más despejado para lanzarse a la caza de las grandes presas flotantes. Y no se quedan con la mercadería, como los viejos piratas: se concentran en la tripulación secuestrada y en cuánto pueden sacar.
La pobreza extrema y la furia por la pesca ilegal de barcos de China, Yemen, Irán y otras partes, que les quitan sus recursos en un país de por sí entre los más insolventes del mundo, arrojan más leña al fuego de las motivaciones por las que decenas de jóvenes somalíes se lanzan al asalto. Con ese mar de fondo, la guerra de Irán les extendió otra invitación para lanzarse al abordaje.
Según un informe del Horn Review, un think tank de la vecina Etiopía, “la guerra de Irán ha creado efectos dominó que llegan mucho más allá de Medio Oriente. Las potencias occidentales y del Golfo Pérsico han redirigido sus activos navales, de inteligencia y aéreos hacia el Mediterráneo oriental y el norte del mar Rojo. Allí, los hutíes, las redes respaldadas por Irán y otros actores estatales y no estatales han entablado enfrentamientos cada vez mayores”.
Ese desvío de la atención redujo las patrullas marítimas y la vigilancia aérea del golfo de Adén y el Océano Índico occidental, agregó, por lo cual los buques de la zona operan en un entorno menos predecible, con la suba del riesgo de piratería y de robos a mano armada.
“Es probable que los piratas somalíes continúen tanteando las aguas para evaluar si los buques que transitan frente a la costa somalí siguen estando protegidos de acuerdo con las recomendaciones de las mejores prácticas de gestión y si emplean equipos de seguridad armados privados", explicó por su parte la Oficina Marítima Internacional a la agencia Bloomberg.
En ese caldo de cultivo también medra una organización terrorista, Al Shabaab, vinculada a Al Qaeda y con operaciones en Somalia y el Cuerno de África.
Quienes más padecen este ecosistema son por supuesto los capitanes y su personal. Durante la captura del petrolero Honour 25, el 21 de abril, se viralizaron mensajes del capitán y miembros de la tripulación a sus familias, en el momento exacto en que los piratas pisaban cubierta.
El capitán de la nave, el indonesio Ashari Samadikun, le envió un audio a su esposa por WhatsApp, donde le decía que el barco estaba siendo atacado en ese mismo instante, y enseguida se perdió el contacto. Según la mujer, “nos dijeron que la situación a bordo es cambiante. Si los piratas se sienten amenazados, la seguridad de la tripulación también está en riesgo”.
También se conoció el mensaje que el marinero paquistaní Amin bin Shams le alcanzó a enviar a su padre: “Papá, reza por mí. Nos han capturado los piratas… este es mi último mensaje de voz. No sé si podré hablarte de nuevo porque nos llevan para matarnos”.
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