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Hace unos años, hubiera sido una rareza ver en la televisión una comedia protagonizada por una mujer de más de 50 años que fantasea con un hombre más joven, comete errores graves y, en el camino, recupera su identidad. Hoy, ya no resulta tan extraño.

La edad de oro de las series, que marcaron el principio de siglo en la TV, se fundaron sobre narraciones centradas en hombres difíciles, como Tony Soprano, Walter White y Don Draper, quienes en la mediana edad interrogaban sus identidades y decisiones de vida. Ahora, ¿finalmente?, podría ser el turno de las mujeres maduras, complicadas y fascinantes.

Aunque puede apreciarse como una gran noticia, hay que tomarla con cautela y entender sus limitaciones. Porque esta no es la primera vez en la historia de la televisión en la que se les da protagonismo a personajes femeninos fuertes, que dejaron atrás la juventud y enfrentan, como pueden, las preguntas que la segunda mitad de sus vidas les plantean.

Tampoco son mayoría en la oferta de series y, muchísimo menos, en el cine. Sin embargo, son suficientes para detectar un cambio en la forma en la que las mujeres de 40, 50, 60 y más, son retratadas en la cultura popular.

Series como Vladimir o Hacks, presentan las complicaciones, errores y defectos de sus protagonistas con humor, pero no para que el espectador se ría de ellas. No se ridiculiza a estas mujeres, sino que se desarrolla sus personajes de una manera muy humana y consciente, de forma tal que sus malas decisiones o faltas, cobran un sentido profundo en la historia.

M, el personaje que interpreta Rachel Weisz en Vladimir, comete una serie de actos reprochables, que van desde lo poco ético o egoísta, hasta lo directamente delictivo. La miniserie, disponible en Netflix y basada en el libro homónimo de Julia May Jonas, cuenta desde una perspectiva de comedia bastante oscura, la historia de una profesora universitaria de cincuenta y pico, cuyo brillante pasado literario quedó atrás, que se obsesiona con un nuevo y atractivo colega, Vladimir, encarnado por Leo Woodall.

El joven escritor y su esposa se suman al plantel docente de la universidad justo cuando el marido de M., interpretado por John Slattery, enfrenta acusaciones de mantener relaciones inapropiadas con alumnas de la institución.

En medio de ese torbellino, la profesora comienza a tener fantasías sexuales vívidas con Vladimir, que afectan su comportamiento y decisiones. Al mismo tiempo, los esfuerzos por ayudar a su esposo, con quien tiene un matrimonio abierto, para que no sea despedido de la universidad, la llevan a situaciones que se enredan cada vez más.

M. no es lo que antes era obligatorio para los personajes femeninos: “querible”. Pero sí es alguien interesante para ver. Un personaje en la tradición de los anti-héroes masculinos que poblaron la televisión del nuevo siglo.

“La gente es contradictoria -dice Weisz, en una entrevista con el diario Los Angeles Times-. Pueden ser brillantes en su trabajo y tener una vida personal muy complicada. Es un ser humano. Sé que es exagerado y ridículo, y que pertenece al género de la comedia, pero es muy cierto. Los humanos podemos tener estas enormes contradicciones”.

Una nueva identidad

Lo más llamativo de Vladimir, en un principio, puede ser su audacia en la mirada sobre la sexualidad de una mujer de más de 50. Sin embargo, lo más interesante de la serie es algo muchísimo más audaz: la forma en la que presenta a una mujer de mediana edad que recupera su identidad o encuentra una nueva, a partir del deseo (no solo sexual).

La obsesión con Vladimir la saca de un statu quo al que no sabe muy bien cómo llegó. El tiempo pasó, la desconexión con su hija ya adulta y con sus alumnos de una nueva generación se fue acrecentando, la relación con su marido se fue deteriorando y su capacidad creativa se diluyó junto con la confianza en sí misma.

“Para mí, tanto el libro como la serie tratan sobre una perspectiva muy contundente y cómo, cuando adoptamos esa perspectiva, que puede verse amplificada por la lujuria, el estrés o cualquier otra cosa, podemos perder de vista la realidad, podemos perder de vista a los demás y podemos perdernos de vista a nosotros mismos”, explica la autora de la novela y showrunner de la serie, Julia May Jonas.

En Vladimir, el erotismo y la obsesión sexual son centrales a la narración, pero más que nada funcionan como un conductor para que la protagonista se reencuentre con su deseo, que incluye tanto lo romántico-sexual como lo creativo. Y hasta el cuestionamiento de cómo quiere que sea su vida.

Un dilema en el que la cultura popular no solía involucrar a los personajes de mujeres mayores de 40, pero que ahora parece estar cambiando, como consecuencia de una nueva visión sobre este sector demográfico.

“Me preguntan esto todo el tiempo: ‘Las mujeres de 50 años son sexy ahora, ¿cuál es la tendencia?’“,-dice Jonas, en una entrevista con Variety. Cuando se trata de algo como (la película) Tár, ¿por qué no se compara Tár con Maestro, en lugar de con Vladimir? Esa es una historia sobre un compositor y las trampas de su ego. Lo que me ha interesado con Vladimir es: ¿Cómo puedo presentar a una heroína compleja, que afronte todas las circunstancias sociales propias de ser mujer en este mundo, pero que a la vez viva una historia trágica en busca de algo que anhela?”.

Si bien es cierto que hay algo parecido a una tendencia en una representación mayor y más reflexiva de las mujeres de mediana edad, tampoco se puede considerar que es algo muy extendido, ni permanente. Sin embargo, con el surgimiento en la última década de series tan distintas como Veep, The Morning Show, Big Little Lies, And Just Like That y Grace & Frankie, entre otras, se puede considerar que las mujeres mayores de 40 tienen en la actualidad más espacio en la pantalla chica.

Al aumentar la cantidad de personajes femeninos, se abre una puerta para que las mujeres mayores de 40, relegadas antes a papeles secundarios y cumpliendo roles definidos por su relación con otros (esposas, madres), tengan mayor representación en las series.

Esta representación se debe, en gran parte, a que hay más mujeres en roles centrales, tanto delante como detrás de cámara. Según un estudio realizado por la profesora Martha Lauzen de la Universidad de San Diego, los personajes femeninos principales ahora representan casi la mitad de todos los personajes que aparecen en las series de streaming, pasando del 44 al 49 por ciento; mientras que en la televisión tradicional, también aumentaron del 44 al 47 por ciento. Al mismo tiempo, entre agosto de 2024 y junio de 2025, aumentó un 36 por ciento la cantidad de series creadas por mujeres en servicios de streaming.

Al aumentar la cantidad de personajes femeninos, se abre una puerta para que las mujeres mayores de 40, relegadas antes a papeles secundarios y cumpliendo roles definidos por su relación con otros (esposas, madres), tengan mayor representación en las series.

“Las mujeres nunca han tenido tantos problemas, pero en la televisión hay espacio para que sean un poco más salvajes”, comentó Lena Dunham en el podcast Las Culturistas. La creadora de Girls, serie que definió a una generación de mujeres jóvenes, dijo también que se dieron muchos pasos hacia atrás, pero que hoy se acepta que las mujeres pueden ser atrevidas en la TV.

“Yo quiero ver a Rachel Weisz siendo atrevida en televisión”, dijo Dunham, quien se refirió a cómo el personaje que interpreta la bellísima actriz en Vladimir se queja de ser vieja, fea y que nadie la mira. “Es una mujer de una belleza icónica, pero al mismo tiempo, cualquier mujer de belleza icónica mayor de 50 años sigue lidiando con estas mismas cosas”.

Y si, el glamour de protagonistas como Weisz o Nicole Kidman, quien se convirtió en una figura central de las series en los últimos años, pueden poner a los conflictos de las mujeres de cierta edad en una perspectiva rarificada. Aunque también implica, tal como señala Dunham, la normalización de los desafíos que se enfrentan en esa etapa de la vida, más allá de lo que el aspecto físico podría indicar.

Claro que los cambios físicos ocupan un lugar de importancia en estas narrativas, algo que antes no sucedía. Según explica Alexis Soloski en una nota de The New York Times, las tramas que se centran en el amor romántico y el sexo suelen desarrollarse durante los años en los que la mujer es fértil. Pero eso está cambiando (aunque poco y de a poco).

“Extender las historias de amor y sexo más allá de la etapa de fertilidad femenina parece, a primera vista, liberador y más inclusivo -escribe Soloski-. Sugiere que las mujeres de mediana edad son deseables y merecen un protagonismo narrativo que Hollywood suele negar”.

“Durante mucho tiempo, las mujeres de 40, 50 años o más fueron ignoradas e invisibles”, afirma Jean Twenge, psicóloga social y autora de Generaciones: Las verdaderas diferencias entre la Generación Z, los millennials, la Generación X, los baby boomers y la Generación Silenciosa, y lo que significan para el futuro de los Estados Unidos. Es positivo que esa época esté terminando o, al menos, declinando”, cita la autora en su texto, como resumen de esta idea.

Poca representación

A pesar de los cambios positivos al respecto, aun queda mucho por recorrer. El Geena Davis Institute, fundado hace 20 años por la actriz de Thelma y Louis y dedicado a fomentar la representación equitativa en los medios de comunicación, publicó este año un estudio que revela que la menopausia aun es un tema poco y mal representado en el cine. Basado en datos recopilados durante 16 años, el reporte indica que en las películas más taquilleras que tienen a personajes femeninos de más de 40 años, el tema es casi invisible, ya que solo el seis por ciento lo menciona, y suele ser en forma de chistes.

“Hay algo casi cruel con las mujeres: si ya no podemos procrear, ¿qué somos? Y luego te convertís en abuela y volvés a existir a los setenta. Tenás esta zona muerta”, dice en una entrevista Julie Delpy, actriz reconocida por películas como Antes del amanecer y creadora de la serie On the Verge, sobre un grupo de mujeres de mediana edad.

Más allá de este tema puntual, con series como Vladimir, la representación de las mujeres mayores de 40 en narrativas propias, que tienen que ver con su forma de habitar el mundo, están ocupando un espacio que antes no tenían. Alguna vez lo tuvieron y lo perdieron; algo que hay que tener en cuenta al celebrar estas series, es que no hay una garantía de permanencia.

Entre los antecedentes de las series actuales, hay que señalar a Maude, una sitcom familiar de los 70, creada por el legendario Norman Lear. Tuvo como protagonista a Bea Arthur, que tenía 50 años cuando comenzó la serie, y se caracterizó por tocar temas polémicos como el aborto y tener una perspectiva feminista.

La misma actriz sería luego parte del elenco principal de otra serie que marcó un hito en la representación de las mujeres en la televisión: The Golden Girls. La exitosísima comedia, creada por Susan Harris, se centraba en un grupo de amigas jubiladas (aunque las actrices no tenían aun la edad para serlo), que vivían juntas en una casa en Miami y también trataba, desde el humor, temas complejos como las adicciones y el abuso.

Claro que no todos los ejemplos son exitosos, pero al aumentar la cantidad de series que ponen el foco en mujeres mayores de 40, mucho mayores en algunos casos, las posibilidades de que algunas de esas representaciones sean valiosas, crece de forma notable.

En la década del 90, la excepción se convirtió en regla y aparecieron en la pantalla varias series que tenían protagonistas mayores de 40, que vivían a su modo y trabajaban con intensidad. Entre ellas, Murphy Brown, con la periodista estrella interpretada por Candice Bergen; Roseanne, la ama de casa ruidosa encarnada por Roseanne Barr; Ellen, que rompió un tabú de la televisión, revelando que era lesbiana en la serie y en la vida real; Cybill, la alocada comedia sobre una actriz, que tenía a un dúo de lujo en Cybill Shepard y Christine Baranski.

Otra de las grandes sitcoms con mujeres mayores de 40 de esa época fue Designing Women, sobre un grupo de diseñadoras de interiores del sur de los Estados Unidos. Una de las protagonistas era Jean Smart, la magnífica actriz que ahora protagoniza Hacks, la serie de HBO que está en su quinta temporada, sobre una comediante de 70, que todavía tiene mucho para hacer y decir.

Hacia fines de los 90, las series con mujeres de mediana edad desaparecieron de la televisión, dejando lugar para las más jóvenes, al mismo tiempo que llegaba la llamada “edad dorada”, repleta de narrativas de hombres de más de 40.

Sex and the City, protagonizada por mujeres de 30 y pico, con los 40 mirándolas de cerca, como una barrera a atravesar, fue una excepción en esa época por su foco en la experiencia femenina. La secuela televisiva, And Just Like That, que tuvo tres temporadas, entre 2021 y 2025, continuó la historia de las amigas (menos Samantha), ahora en sus cincuentas y con otro tipo de conflictos. No tuvo la calidad, ni la osadía de la original, pero fue parte de esta nueva oleada de protagonistas mujeres de mediana edad.

Claro que no todos los ejemplos son exitosos, pero al aumentar la cantidad de series que ponen el foco en mujeres mayores de 40, mucho mayores en algunos casos, las posibilidades de que algunas de esas representaciones sean valiosas, crece de forma notable.

Lo que es más importante aún, se van quebrando tabúes. Las mujeres de cierta edad ya no tiene que ser santas, ni villanas. Pueden ser complicadas, erráticas, inteligentes y determinadas. O lo que quieran. Tal vez, ahora sí, sea el turno de las antiheroínas de la mediana edad (y más).