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La crisis de Racing es cada vez más profunda. Sumido en un presente que suma capítulos negativos con múltiples alcances, la Academia da vueltas en un círculo vicioso que lo aleja de las aspiraciones de vueltas olímpicas. Del “todos juntos” a una fragmentación con distintas connotaciones, orígenes y consecuencias, cada una de las partes suma con sus errores a un estado de confusión y malestar. El equipo de Gustavo Costas antes conmovía y hoy exaspera con errores absurdos. Dueño del lema “dar el salto de calidad” durante su campaña presidencial, ahora Diego Milito es preso de aquella sentencia y dueño de un silencio que aturde en tiempos de desconcierto.

El técnico y el presidente, símbolos innegables de la institución, transitan las horas más complejas en sus respectivas tareas. En una relación entre ambos que desde el primer día tuvo puntos de vista diferentes sobre cómo gestionar el fútbol profesional, lo único que difiere hoy es la reacción de los hinchas ante uno y otro en este presente. Costas es el único indemne en el Cilindro de Avellaneda, donde su apellido es coreado en cada partido. Para Milito, en cambio, el escarnio va en clave de insultos a la comisión directiva que encabeza.

El Príncipe, que una década atrás se retiró en el presidente Perón y fue coronado por una multitud como el ícono que marcó un antes y un después para volver a la senda de la victoria desde el título de 2014, ya no escucha el “Milito hay uno solo” que le ofrendaba una marea celeste y blanca. En su primera tempestad desde que es el máximo directivo de Racing, Diego exhibe que no hay un solo Milito: después de ser ídolo como jugador y exitoso en el rol de director deportivo, del que se fue al reclamar “que la inversión no se vea como un gasto”, hoy hace del silencio su sello.

La opinión de Costas

"TENEMOS ESAS FALLAS GROSERAS QUE NOS CUESTAN LOS PARTIDOS"

El descargo de Gustavo Costas en conferencia de prensa, después de la derrota de Racing 2-1 contra Botafogo en la CONMEBOL #SudamericanaEnDSPORTS.#DSPORTSNoticiasNite pic.twitter.com/CsQLkwBh6K

— DSPORTS (@DSports) May 7, 2026

Del liderazgo que ejercía adentro de la cancha y también frente a los micrófonos, como cuando en 2014 declaró que Racing debía ganar seis partidos al hilo para ser campeón (algo que el equipo logró con él como guía), el Milito dirigente se define desde la indefinición pública: su silencio, paradójicamente, tiene eco. La falta de declaraciones del presidente académico provoca una onda expansiva de interpretaciones múltiples sobre cuál es el rumbo o cuáles son sus verdaderas consideraciones sobre el trabajo de Costas y hasta del de Sebastián Saja, a quien le encomendó la tarea de encabezar la secretaría técnica.

El exarquero, que también colgó los botines (y los guantes) el mismo día que su amigo Milito en 2016, también quedó en la mira porque –por distintos motivos- hasta el momento la mayoría de los refuerzos que llegaron no dieron la talla. Por consecuencia, el evidente deterioro de la calidad de recambio en algunos sectores de la cancha resulta motivo de reclamo público. Los cuestionamientos no sólo son de los hinchas. También del cuerpo técnico, más allá de que todas las incorporaciones pasan por una mesa en la que también se sientan Costas y Milito para sellar la aprobación (o aceptación).

“David Pizarro vino sin jugar hace mucho y le cuesta meterse en ritmo. Y nosotros nos jugamos la vida en cada partido”, sentenció Costas luego de la derrota ante Botafogo en Río de Janeiro, donde un periodista chileno le preguntó por la escasa participación del 9 trasandino (jugó 5 partidos y no convirtió), quien quedó relegado y ni si quiera es la primera alternativa de Adrián Martínez. Tomás Pérez, juvenil que estaba en la reserva, hoy está por delante de Pizarro en la consideración del entrenador, quien más allá de los mercados de pases también hizo hincapié en una problemática cada vez mayor del equipo: “Tenemos errores que nos cuestan demasiado caro y, además, no aprovechamos los errores de los rivales”.

Los jugadores, por supuesto, son parte importante de esta crisis. La Academia se graduó como uno de los equipos más ingenuos del fútbol argentino (y continental). Desatenciones inexplicables, goles surgidos de laterales (como ante Botafogo y Aldosivi), acciones defensivas muy defectuosas (como el cierre al revés de Agustín García Basso en Brasil o la pasividad de Gastón Martirena en Caracas) y expulsiones por conductas inentendibles (como el codazo de Adrián Fernández ante Barracas Central) integran un álbum de momentos infelices.

El equipo coleccionó errores (y horrores) en todo el semestre, con el agravante de haber profundizado esta tendencia con una jugada que marcó un antes y un después: el penal que Adrián Martínez picó por encima del travesaño ante Independiente. El pecado original de una racha desoladora. Esa errónea ejecución, impropia del estilo del jugador más importante del equipo, quedó como la foto más dolorosa de una serie de acciones para el olvido. Maravilla, que se disculpó por la forma que eligió en aquella ocasión, anotó en ambos duelos ante Botafogo y tras el partido dio cuenta de la anemia ofensiva de Racing: “Creo que uno de los problemas quizás hasta soy yo. Los delanteros tenemos que convertir y no estamos pudiendo hacerlo. No hay palabras para este momento”.

Autocrítico y con una evidente merma de su influencia en varios encuentros, Maravilla es igualmente el máximo artillero del plantel en el semestre, con seis tantos. El que marcó de cabeza en Río de Janeiro, tras un centro de Gabriel Rojas, fue el gol 59 de Martínez en Racing (en 112 partidos oficiales), con lo que alcanzó la línea de Diego Milito (los hizo en 222 encuentros) como el vigesimocuarto artillero de la historia académica. Predicador afuera de la cancha, pese a tener un bajón en su confianza y quedar marcado por aquel penal fatídico en el clásico, Maravilla es presente y también actor clave para un futuro que puede tener cambios drásticos.

Martínez, Rojas, Santiago Sosa y Facundo Cambeses son aquellos que –pese a niveles con altibajos o partidos paupérrimos- escaparon a una circunstancia que se volvió muy habitual: los cambios permanentes que dispuso Costas. Sin embargo, las variantes no implicaron una modificación de algunos problemas estructurales del equipo: deficiencia para la creación y graves problemas defensivos. En ese sentido, otra vez se retroalimentan negativamente todos los actores de la historia: algunos futbolistas tomaron decisiones inauditas; Costas insistió equivocadamente con ellos (como con Marcos Rojo o García Basso) y, en paralelo, algunas de esas decisiones estuvieron ligadas a los flojos rendimientos de varios refuerzos.

Si el de Pizarro es caso testigo de una incorporación que Costas aprobó sin estar sinceramente convencido, el de Matko Miljevic es el opuesto, ya que fue el entrenador quien más insistió en tener al mediocampista (lo que no exime al resto de los implicados en la contratación). En ambos casos, el resultado es hasta ahora el mismo: los dos jugadores casi no participan y, cuando lo hacen, no aportan un diferencial. Miljevic, que lleva una docena de partidos (sin goles y sin asistencias), entró a los 34 minutos del segundo tiempo en Brasil, donde nuevamente casi no tocó el balón.

Hasta ahora, del mediocampista que llegó desde Huracán (a cambio de 3.000.000 de dólares por el 80 por ciento del pase) se habló más por una noticia extrafutbolística que por la prestación en el césped: su desafectación de un partido de la Copa Argentina, a raíz de un presunto episodio de inseguridad en Puerto Madero. La versión oficial indicó que Miljevic, en un intento de robo, terminó golpeado y arrojado al suelo durante la noche del jueves 26 de marzo.

Un mes antes de ese suceso, el mediocampista fue expulsado por doble amonestación en el primer tiempo del partido ante Independiente Rivadavia, en Avellaneda, por ir con una vehemencia incomprensible contra un rival. Mientras Racing resolvía su arribo durante el mercado de pases, en el que su arribo despertaba cierta expectativa porque había sido importante en Huracán, distintos jugadores del plantel académico filtraban sus reclamos de mejoras salariales.

“No vamos a ceder a lo que pide cada jugador”, le había asegurado a LA NACION una fuente de la dirigencia académica sobre esos casos que los futbolistas –mediante sus agentes o algunos periodistas- hacían saber que no estaban conformes. Milito, como ocurre en este presente crítico, no habló públicamente de esos hechos. Mientras tanto, con la marcada caída de los resultados y rendimientos de la Academia en la actualidad, el presidente observó y escuchó cómo algunos fanáticos se enfurecieron con él. Los insultos a su figura, en distintas notas y contenidos a la salida del Cilindro de Avellaneda, son parte del complejo (y furioso) cuadro de situación.

El silencio de Milito es interpretado como un error incluso para algunos de sus cercanos, quienes le piden que comunique para los hinchas. En tiempos de sentencias rápidas y verdades absolutas que se viralizan, en Racing se impone la necesidad de plantearse preguntas incómodas. Una de las hipótesis que surge sobre el hermetismo del presidente es que gambetea una pregunta que seguramente tendría al enfrentar los micrófonos: ¿está convencido de sostener a Costas pase lo que pase?

Milito, en su primera crisis, se topa con un momento que puede trazar el curso de su gestión más allá de lo inmediato. La renovación por tres años a Costas, en coincidencia con el final de la presidencia, plantea el interrogante sobre cómo lograrán plasmar la idea de promocionar juveniles y consensuar refuerzos ante la urgencia de “jugarse la vida cada semana”, planteada por el ídolo y entrenador. Por el momento, el ciclo no se caracterizó por promover y sostener a los valores del predio Tita Mattiussi. Entre los gritos de los hinchas, cansados de un semestre cargado de tensiones, problemas y malos resultados, la falta de palabras públicas de Milito retumba. Y, en este caso, el silencio no es salud.

Con exiguas chances de clasificación en la Copa Sudamericana, en la que ya no depende de sí mismo pese a tener dos partidos por jugar (ante Caracas e Independiente Petrolero, ambos en Avellaneda), el domingo Racing se jugará el semestre ante Estudiantes, en La Plata. Otro revés sepultará la primera parte de un año lleno de problemas y errores no forzados.