Cuál es la explicación detrás del “superpoder” que posee solo el 2% de la población
Cuando somos chicos, la idea de tener un superpoder nos fascina. Volar, hacernos invisibles o mover cosas con la mente suenan como el escenario ideal, sobre todo para los que crecieron viendo Matil...
Cuando somos chicos, la idea de tener un superpoder nos fascina. Volar, hacernos invisibles o mover cosas con la mente suenan como el escenario ideal, sobre todo para los que crecieron viendo Matilda (1996). Pero, aunque esto no existe, sí hay un grupo reducido de la población que tiene una característica biológica tan única que la ciencia la considera una verdadera ventaja evolutiva. Se trata de los pelirrojos, quienes representan apenas alrededor del 2% de los habitantes del planeta.
Durante años, esta característica fue motivo de curiosidad y mitos. Sin embargo, la realidad es que esconder este supuesto “superpoder” en el ADN tiene una explicación biológica fascinante y, al mismo tiempo, un lado B que exige bastantes cuidados.
Para entender qué hace tan especiales a las personas con el pelo rojo, primero hay que mirar debajo de la piel, específicamente a cómo el cuerpo interactúa con el sol. La clave de todo esto radica en la melanina, el pigmento natural responsable de darle color a nuestra tez, nuestro cabello y nuestros ojos. La función principal de la melanina no es estética; en realidad, actúa como un escudo protector, ya que su trabajo es absorber la energía de la radiación ultravioleta y evitar que esta dañe las células cuando nos exponemos a la luz solar.
La gran mayoría de los seres humanos produce un tipo de melanina oscura que funciona como un excelente bloqueador solar natural. Sin embargo, en los pelirrojos ocurre algo distinto debido a una pequeña variación en un gen conocido como MC1R. En lugar de producir ese pigmento oscuro y protector, su cuerpo genera otro tipo de melanina que tiene un tono más rojizo o amarillento. Esta es la razón por la cual este suele venir acompañado de pieles muy pálidas y pecas. Esas pecas son, básicamente, pequeñas “islas” de melanina en un mar de piel que carece de una barrera protectora uniforme.
Pero, ¿por qué la naturaleza crearía una piel sin protección solar? Hace miles de años, las poblaciones humanas comenzaron a migrar hacia el extremo norte de Europa, a regiones como Escocia y los países nórdicos. En esos lugares, el clima es implacable: los inviernos son largos, los cielos están casi siempre nublados y la luz del sol directa es un recurso escaso.
El cuerpo humano necesita desesperadamente la luz del sol para sintetizar la vitamina D, un elemento crucial para mantener los huesos fuertes y el sistema inmunológico funcionando correctamente. En estas regiones oscuras y frías, las personas con pieles más oscuras bloqueaban la poca luz que había, lo que podía provocar deficiencias graves de esta vitamina. Fue entonces cuando la mutación del gen pelirrojo brilló con luz propia. Al perder ese “bloqueador solar” genético, la piel extremadamente clara se volvió capaz de absorber hasta el último rayo de luz disponible en un día nublado, produciendo la vitamina D necesaria para sobrevivir de manera ultraeficiente.
No obstante, toda ventaja evolutiva tiene un precio cuando se cambia de escenario. Lo que funcionó a la perfección en las frías y nubladas tierras del norte, se convierte en un verdadero problema en el mundo globalizado de hoy. Si se toma a una persona con esta genética y se la sitúa en lugares donde el sol castiga con fuerza —como puede ser una playa en verano, un clima tropical o durante las olas de calor extremo que cada vez son más frecuentes—, su superpoder se vuelve inmediatamente en su contra.
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